martes, 19 de abril de 2011

El México de Hoy

Por: Luis Enrique Martínez


“Junto a esta idea viviente –del Mexicano–, o mejor dicho, junto a esta realidad viva, qué pequeña y qué falsa aparece la sombría concepción del trabajo como esclavitud humillante y castigo. No es nada de esto el trabajo, sino, por el contrario, una gran dignidad, un valor humano preeminente entre los superiores, una energía creadora de esperanza y bienestar, una luminosa empresa de generosidad y de amor” (González Luna, 1955, pág. 270)

El México de hoy se encuentra ante al reto de hacer frente a los problemas de la actualidad. El objetivo del presente trabajo es describir brevemente la forma actual que México, como nación –como comunidad de comunidades, unidas por diversos vínculos, con origen y destino común, como suma de partes que se enriquecen con el aporte socialmente de las mujeres y los hombres que la componen, con comunión de pasado, de presente y de destino (PAN, 2002)– ha tomado frente a la modernidad, y el estado que guarda la nación mexicana con respecto a la pobreza, la atracción, el amor, las actitudes, las motivaciones, y los movimientos sociales que han surgido producto de una realidad construida a través de la historia.

Los ejes rectores para hablar sobre las actitudes y motivaciones del México de la actualidad que se utilizarán en el presente trabajo serán: a) desde la historia dividida en etapas desde la colonia, el México independiente, el México posrevolucionario y la actualidad, b) la falta de oportunidades en educación, c) el problema del desempleo, d) la inseguridad, y e) el derrumbe de los valores.

México nace como un nuevo Estado soberano con notables diferencias sociales, producto de la multiculturalidad que se puede encontrar en un territorio con distintas tradiciones, creencias y concepción del hombre, mismas que se vieron forzadas a combinarse con las del mundo occidental cristiano a la llegada de los españoles a dicho territorio con la colonización.

“El México de la colonia”, fue una combinación de diversas culturas, que se fueron modificando en diversos aspectos conforme la tradición española fue permeando en la sociedad prehispánica. Poco a poco, los habitantes del posterior territorio mexicano, fueron adoptando costumbres, creencias, valores, religión y las actitudes de los colonizadores.

Fue ahí cuando a raíz de una mezcla de culturas, con un régimen monárquico, con centro en España, el habitante de dicho territorio adquirió una consciencia tanto de pertenencia, como de rechazo a una nación que intentaba surgir con abismales diferencias de clases sociales y, por tanto, de oportunidades.

Posteriormente, debido a diversos factores sociales, principalmente las desigualdades, así como las ideologías y creencias, se da paso a la independencia de México y se crea por fin, después de trescientos años de colonización, el Estado Mexicano.

En dicho Estado, predominaban las desigualdades sociales; el noventa y cinco por ciento de la población era analfabeta, y se distinguía por adorar a la Virgen de Guadalupe, que se convirtió en un símbolo de identidad mexicana.

El período del México independiente, hasta la revolución mexicana, se caracterizó por tratar de definir la forma de gobierno de México; por un lado existían los conservadores que añoraban al imperio, y por otro los liberales, que pretendían instaurar una república democrática y representativa. Finalmente, los liberales logran imponerse y se constituye la República Mexicana, democrática, representativa y federal.

Fue hasta después de la revolución mexicana, como movimiento social, que México se va definiendo como una nación plural, diversa, pero con más acercamientos a constituirse socialmente como una nación con identidad propia, que se diferencia de otras naciones en muchos aspectos, principalmente los culturales. Un México que luchó nuevamente por ideales de igualdad y libertad, y por una reforma social influida por diversas ideologías y doctrinas, que pregonaban el derecho a la educación y al trabajo como forma de abolición de la pobreza.

Decía el historiador Pedro Salmerón que con el proceso independentista hasta la revolución, los mexicanos pasaron de adorar santos, a adorar héroes, y se construye una identidad más arraigada de la importancia del hombre con respecto a su contexto social, que fue definiendo las actitudes de la comunidad nacional.

Conforme el paso del tiempo, se han ido dejando atrás las ideologías, y el mexicano en la actualidad está redefiniendo el sentido de pertenencia, modificando sus valores y actitudes frente a los problemas que enfrenta, nuevamente haciéndose la pregunta qué es el hombre y cuál es su lugar en la creación.

Martín Heidegger habla de una teoría de la existencia como tal. Entiende por existencia un ente que posee una relación con su propio ser y una comprensión de este ser. Solo el hombre es un ente que cumple con estas condiciones. Pero la ontología como tal no tiene que ver con el hombre en su diversidad y complejidad concretas, sino, únicamente, con la existencia en sí misma, que se manifiesta en aquel. Todo lo que de la vida humana concreta incorpora Heidegger a su estudio le interesa  en tanto que en ella se manifiestan las actitudes o modos de comportamiento de la existencia misma, tanto la actitud por la que se vuelve hacia sí y se convierte en “él mismo” (Selbst) como la actitud mediante la cual descuida volver hacia sí y no llega, por consiguiente, a ser “él mismo”. (Buber, 1983, pág. 86)

“Dice Georg Simmel que la cultura está compuesta por una dualidad entre lo objetivo y lo subjetivo, arguyendo que la parte subjetiva de la cultura es la que ha sido creadora de ella, la que la inspira, los valores, el arte, la estética. Y la parte objetiva, lo que proviene propiamente de lo subjetivo, es decir; la creación. La cultura se compone por un alma subjetiva y un producto espiritual objetivo”. (Martínez, 2010)

La objetivación en la cultura mexicana, ha tergiversado los ideales de la cultura subjetiva de la que hace mención Simmel, teniendo como resultado un derrumbe en los valores, que significa un hundimiento de la sociedad, en la cual los valores constituyen el tejido conectivo. (Zampetti, 2003, pág. 23)

Continuando con Zampetti, cabe destacar con respecto a los gobernantes en México que “todos aquellos que nos habían prometido bienestar y una nueva sociedad, identificando sin más los dos términos (sociedad del bienestar), se están retirando en silencio y casi a escondidas”. (Ídem)

Derivado de una desorganización social que no ha encontrado una vocación comunitaria, y de un sistema político rebasado por tal estructura, es que se ha dejado de lado a la cultura subjetiva, siendo ésta rebasada por la objetivación, y ha resultado una nación dividida y sumergida en problemas de falta de solidaridad, educación y empleo, mismos que han ido generando un clima adverso de un incremento en la pobreza, y  violencia, donde la sociedad mexicana ha perdido en gran medida la cohesión, y por lo mismo se han insertado en ella problemas como el narcotráfico y la inseguridad.

Las motivaciones del mexicano frente al empleo se han reducido a que el único estímulo para el trabajo sea el salario para la supervivencia, y se ha dejado de lado la concepción que a inicio cita González Luna sobre la dignificación que éste genera.

La solidaridad, como “rostro social del amor”, a la que aluden Juan Pablo II y la Doctrina Social de la Iglesia, así como la construcción de la “Civilización del Amor”, en el México de la actualidad, se han perdido en el camino, y el concepto de amor se ha confundido con el de atracción.

Derivado del desorden social imperante, y la falta de respuestas por parte de los representantes de la sociedad, así como de los males que aquejan a la nación, han surgido movimientos sociales que, nuevamente como en las dos grandes revoluciones que ha tenido México, exigen, en resumen, igualdad de oportunidades para todos los mexicanos, y un clima de paz.

La solución definitiva a estos problemas, es reencontrar el sentido del hombre en México, y dar paso a una reforma social, en la que su “punto de partida y término de una misma trayectoria, premisa y conclusión, agente activo de la reforma y realidad actual sobre la que debe operar para cumplirla; es decir, ímpetu exaltado y fervor del espíritu humano, de la inteligencia y de la voluntad del hombre, y coyuntura histórica, realidad presente, datos actuales del estado social en que el drama va a representarse. El propósito es bien claro: fluye del doloroso problema en cuyo centro vivimos […] en un incontenible anhelo de dignificación nacional.” (González Luna, 1995, pág. 293)


Bibliografía

Buber, M. (1983). ¿Qué es el hombre? (E. Ímaz, Trad.) D.F., México: Fondo de Cultura Económica.
González Luna, E. (1955). Humanismo Político. D.F., México: Fondo de Cultura Económica.
Martínez, L. E. (15 de Septiembre de 2010). Luis Enrique Martínez. Recuperado el 19 de Abril de 2011, de http://luiskikem.blogspot.com/
PAN. (2002). México.
Zampetti, P. L. (2003). La Sociedad Participativa. Cuernavaca, Morelos, México: Fundación Adolfo Cristlieb.

miércoles, 6 de abril de 2011

LA SOLIDARIDAD COMO ALTERNATIVA A LA VIOLENCIA

Por: Luis Enrique Martínez


“Una comunidad está sólidamente fundada cuando tiende a la promoción integral de la persona y del bien común. En este caso, el derecho se define, se respeta y se vive también según las modalidades de la solidaridad y la educación al prójimo. La justicia requiere que cada uno pueda gozar de sus propios bienes, de sus propios derechos, y puede ser considerada como la medida mínima del amor” (Aquino, pág. 99)

El día 6 de abril del año 2011 a propósito de la violencia que existe en México, y debido a la convocatoria hecha por el escritor Javier Sicilia en una carta publicada el 3 de abril en la revista Proceso, se ha llevado a cabo una marcha nacional en repudio a la violencia y a los gobiernos que no han logrado dar una respuesta inmediata a la exigencia de la ciudadanía de otorgar paz a nuestra nación, y específicamente al municipio de Cuernavaca, en Morelos, así como también se ha propuesto alzar la voz en contra de los criminales que han pasado por encima de la dignidad de las personas. Dicha marcha es convocada debido al lamentable asesinato de Juan Francisco Sicilia, hijo del escritor.

En la carta que escribe el poeta Sicilia, titulada “Carta abierta a políticos y criminales”, se repudia la ineptitud de los gobiernos, que no han desempeñado eficazmente su trabajo y, dice, han reducido las muertes de personas a simples estadísticas de sus administraciones. También se hace un llamado  a los criminales, a que respeten un supuesto código de honor en el que dice el poeta, no se violente a personas inocentes.

La indignación que embarga al escritor Sicilia debido a la atroz muerte de su hijo Juan Francisco, debe ser la misma indignación que todos los mexicanos tengamos por el deceso de cada una de las personas que inocentemente han sido asesinadas debido a la ola de violencia que se vive en México, y a la lucha que se ha emprendido desde el gobierno en contra de los criminales.

Una sociedad unida en torno a sus principios y valores, una sociedad que entiende a la solidaridad como “el rostro social del amor”, necesariamente debe acudir a llamados como el que hace Javier Sicilia, que independientemente de ser una convocatoria a una marcha, debe convertirse en un llamado a hacer conciencia y a ser solidarios para vivir armoniosamente en comunidad.

Dice la Doctrina Social de la Iglesia que “todos los valores sociales son inherentes a la dignidad de la persona humana, cuyo auténtico desarrollo favorecen; son esencialmente: la verdad, la libertad, la justicia, el amor” (CEM, 2005, pág. 110) Es por ello que hoy propongo una reivindicación de nuestra sociedad desde las bases, desde la misma sociedad, hacia el gobierno. Una reivindicación en nuestros valores, un llamado a la corresponsabilidad entre sociedad y gobierno.

México se construye desde abajo, hacia arriba, y será labor de los ciudadanos responsables, comprometidos con su país, disminuir la violencia que se ha enquistado en nuestro territorio -y digo territorio porque en el concepto de comunidad, este tipo de violencia no cabría-.

Desestimo los resultados prácticos que la marcha convocada por el poeta pueda tener. Un movimiento social debe convertirse en eso, en movimiento, entendido no como una marcha o una protesta, sino en el cambio, que no se genera de un día para otro, y forzosamente no debe provenir desde el gobierno, sino desde la base social que se ha decidido a ser mejor.

Una sociedad que no entiende el principio de subsidiaridad, que en resumen puede rezar como “tanta sociedad como sea posible, tanto gobierno como sea necesario”, estará condenada al fracaso y al retroceso.

México creció en gran parte como una nación de personas a la espera de que el gobierno le solucionara sus problemas. Este es un gran error, el cual también fue enseñado por los gobiernos paternalistas y clientelares que preferían mantener a la sociedad estática frente a sus problemas y que, ante ellos, pretendían tener una “barita mágica” para resolverlos.

Nada tiene que esperar la sociedad mexicana de movimientos como el convocado por Javier Sicilia; al contrario, la sociedad ya no debe de esperar: es necesario que la sociedad se una en torno a acciones que ayuden a combatir la violencia, pues si no se comienza desde las bases, difícilmente el gobierno podrá hacer cambios fundamentales. Se requiere de una política de seguridad en la que al ciudadano se le vuelva parte de la solución, y no se quede rezagado como un mero espectador que lo único que puede hacer es protestar en contra de la ineptitud de sus gobiernos.

Frente a los grandes problemas que afronta la sociedad mexicana, se encuentra la opción de la acción posible desde las bases. México es más grande que sus gobernantes, México debe organizarse para realizar lo posible.

Así como hemos creado instituciones importantes en diversos sectores para atacar las indigencias de nuestra sociedad, aportando nuestras excelencias, así también se puede trabajar por mejorar la seguridad pública desde la ciudadanía, llevando a cabo acciones básicas, fundamentales, que la ciudadanía debiera hacer, sin estar a la espera de que el gobierno lo haga.

Contrario a un plantón en el zócalo de Cuernavaca por parte de Javier Sicilia, la sociedad mexicana hubiera esperado la convocatoria a algunas líneas estratégicas de acción, acciones básicas que la misma sociedad puede desarrollar: denunciar todo acto ilícito del que los ciudadanos tengan conocimiento, organizarse en sus comunidades para comprar los focos que hagan falta para el alumbrado público, restauración de espacios públicos para que los jóvenes puedan hacer deporte y alejarse de las drogas, cohesionarse en comunidad o barrio con el pensamiento de “lo que le afecta a mi vecino me afecta a mí, y por lo tanto su bienestar es también el mío”, convocatorias a juntas vecinales donde se organicen para buscar soluciones a sus problemas como comunidad, organización de torneos deportivos o actividades culturales entre las colonias, la búsqueda de la educación en valores entre nuestras familias, y un sinfín de actividades que podemos llevar a cabo como sociedad, mismas que ayudarán a disminuir los índices de criminalidad y violencia que aquejan a la nación mexicana.

Hace algunos meses se quemó por tercera vez el Mercado Municipal de Cuernavaca, Adolfo López Mateos, y lamentablemente no hubo una respuesta clara por parte del gobierno municipal. Para esta última ocasión que se quemó dicho mercado, gobernaba un partido distinto al partido que gobernó en anteriores ocasiones y, como es costumbre lamentablemente por parte de la autoridad, sigue sin haber respuesta.

Por más exigencias que los locatarios han hecho al Ayuntamiento, no han conseguido una solución palpable a dicho problema. Resulta que parte fundamental por lo que se ha incendiado el mercado, ha sido la mala instalación eléctrica, además de la irresponsabilidad de algunos locatarios de “colgarse con diablitos”. Frente a esa irresponsabilidad, y frente a la falta de soluciones por parte del Ayuntamiento, hubo un grupo de locatarios, específicamente de la sección de ropa, que decidió organizarse para cambiar toda la instalación eléctrica y tener una nueva que contara con todos los requisitos que marca protección civil. Esas son las personas que hacen la diferencia.

Estar a la espera de que los criminales recapaciten y cumplan con un “código de honor”, puede ser hasta utópico. De los criminales se puede esperar muy poco, así como lamentablemente también de los gobiernos. Por lo que hoy digo que la solución no se encuentra en protestar y pedir que criminales y gobierno cumplan con la que debería de ser su labor, sino que la solución debe ser conformarnos como una sociedad solidaria, en un verdadero comunitarismo, con un espíritu del cual su motor fundamental sea el amor. Una sociedad que desee ser mejor cada día y que no se conforme con un “yo hago bien lo que me toca”, sino que también aporte sus excelencias al servicio de las indigencias de los demás.

Utópico es querer que los gobiernos solucionen los problemas que como sociedad hemos construido y que egoístamente no hemos querido solucionar; muchas veces no hemos querido mover un solo dedo para solucionarlos por nosotros mismos. ¡Cumplamos con nuestra labor como ciudadanos mexicanos, sí, pero también hay que aportar nuestros dones al servicio de la perfección de los demás, lo cual se reflejará en la sociedad! La consigna de que el gobierno cumpla con su trabajo es válida y legítima, pero aunque lo hiciera, si continuamos con una sociedad que no cumple con el suyo, pocos frutos se verán de ese trabajo de gobierno.

Por último, decía el poeta Sicilia “estamos hasta la madre”, y en efecto lo estamos; estamos hasta la madre de algunos miembros de la sociedad, egoístas y paralíticos que no quieren ver que la solución está en sus manos y que prefieren optar únicamente por la queja irresponsable. Es momento de dejar de estar “hasta la madre” y de dejar de quejarnos de lo que los gobiernos no hacen por nosotros, y comenzar a ver lo que nosotros no estamos haciendo por nosotros mismos. No es momento de fomentar odios, es tiempo de unidad y solidaridad.

Trabajos citados

AQUINO, S. T. (s.f.). Summa Theologiae. Leon.
CEM. (2005). Los valores fundamentales de la vida social. En C. d. Mexicano, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (pág. 528). Distrito Federal: Librería Editrice Vaticana.

domingo, 20 de febrero de 2011

El hijo único y la lucha contra sus demonios

Por: Luis Enrique Martínez


No se me va a olvidar esa enseñanza del hijo único que jamás tuvo en sus primeros años a alguien a su nivel que le diera un golpe para hacerlo darse cuenta de que no era el niño perfecto que mamá le hacía creer, y resultó que cuando pasó el tiempo, creció creyendo que lo era, o al menos que sí se acercaba a la perfección...

Conforme siguió pasando el tiempo y continuó con aquellos pensamientos -que derivaron en lo que de manera democrática, en un concepto negligente se podrían calificar como- soberbios, comenzaron a venir los golpes, y cada vez fueron más y más fuertes, hasta que entendió que su pensamiento acerca de su supuesta perfección era subjetivo, producto de su falta de autoconocimiento. Pero además concibió que la realidad no se crea a partir únicamente del autoconcepto, o que la realidad no es únicamente lo que él pensaba, sino que habría un horizonte mucho más extenso por detrás de los cerros en los que se cimentaba su casa.

En el camino que el hijo único tuvo que emprender cuando comenzó a salir del complaciente núcleo familiar, cuando comenzó a tener contacto social, y por lo tanto, cuando sus problemas comenzaron a surgir, tuvo que fabricar escudos para esconder la cada vez mayor inseguridad que tenía, incluso para lograr convencerse a sí mismo de que realmente era la persona que él pensaba ser, pues si no lo hacía, rápidamente se haría la dolorosa pregunta, ¿entonces quién soy yo?, para la cual ya existía una respuesta: “yo soy el que soy”, a exagerada manera de comparación con el todopoderoso, pues a fin de cuentas “yo soy perfecto, me lo dijo mi madre”.

Ciertamente no todo en su vida fueron fracasos, de hecho su propia personalidad hacía que al exterior tuviera diversos éxitos, podía sobresalir en cosas en las que pocos podían hacerlo, se iba convirtiendo en un modelo a seguir para los de menos edad que él, comenzaba a convertirse en un líder que lograba que otros más siguieran sus pasos, y más adelante, logró incluso obtener el respeto de algunas personas mayores a él.

Pero lamentablemente, toda esta construcción que el hijo único había creado, estaba cimentada en egos y orgullos vanos, que en el momento en que aparecía cualquier persona que lograra doblar su seguridad, se hacían tan fuertes cual columnas que sostienen a una enorme estructura, pero como sucede de manera natural, con el paso del tiempo, en cualquier instante tenían la posibilidad de debilitarse y, sin darse cuenta derribar todo lo que dichas columnas sostenían. Solo se necesitaba tiempo para que el hijo único pensara si era correcto mantener de esa forma aquellas columnas, o si las tenía que modificar de manera esencial…

Otro escudo más que desarrolló, fue el discurso construido a raíz de una personalidad victimista, lo cual lo incapacitó para hacer ejercicios objetivos de autocrítica. De manera que cualquiera que hiciera un señalamiento hacia su persona, -por más leve que fuera o incluso cariñoso, pero que no coincidiera con su autoconcepto-, sería automáticamente señalado como juez e inmediatamente desacreditaría sus argumentos acusándolo de un sinnúmero de adjetivos negativos, pero que de ninguna manera el hijo único refutaría con argumentos coherentes.

En ese camino, con ese discurso, y esos vacíos de conocimiento sobre su propia persona, y con la inseguridad de sentirse atacado por los demás, las frases preferidas del hijo único eran:

“Yo no me considero acreditado para emitir opiniones acerca de su vida y, asimismo no creo que usted pueda hacerlo con respecto a la mía, por lo que exijo me rinda el respeto que merezco”, o también la frase de “soy humano y tengo derecho a cometer errores, ¿acaso usted no los comete?”, y el cuestionamiento tan innovador de “a mí me parece que usted la está pasando mal, y por eso en su malhumor quiere que yo también la pase como usted. Es injusto que quiera desquitarse conmigo”.

Cuando en algún momento el hijo único llegaba al punto en que se quedaba sin excusas para su discurso, declaraba imposible dialogar con tales personas, nuevamente les asignaba calificativos, y concluía el diálogo tratando de legitimar ante los demás y ante sí mismo su abandono a éste, denunciando que él no podía discutir con personas que no tuvieran la voluntad de aceptar que sus argumentos podían ser mejores que los que ellos proporcionaban y que simplemente con necios no se podía discutir.

Algunas más de sus características eran la mala administración de su tiempo y recursos, así como un problema grave para planear o, cuando lograba hacerlo, ejecutar sus planes. Lo anterior no era un problema, de hecho podía ser una ventaja a su favor, pues en su afán de hacer todo bien, comenzaba a lograr identificar sus deficiencias.

El verdadero problema surgía siempre que hacía una pausa en esos pensamientos de identificación del problema y, automáticamente bajo su lógica de que todo lo que él hacía era correcto, sus problemas desaparecían. Incluso dejar de lado sus proyectos podía ser para él algo positivo, pues deducía que él sabría cómo abrirse muchas más puertas. Lo que al parecer no lograba comprender, era que entre más justificaciones encontrara para sus fallas, más y mayores serían éstas cada vez.

En la vida pueden existir montañas que parecen infranqueables, pero cuando el ser humano tiene la plena capacidad y voluntad para esforzarse en lograr el reconocimiento de sus propias limitantes, sumadas a la creatividad, a la responsabilidad, a la constancia, el trabajo duro y el aprendizaje que en ocasiones solo se puede adquirir de los demás, éste magnífico ser, creado a imagen y semejanza de Dios, puede ser lo suficientemente inteligente para crear herramientas que puedan derribar dicha montaña, y cuando una pala y una carretilla no son suficientes, entonces tal es la inteligencia del ser humano, que crea dinamita, pero para lograr crear al explosivo, se requiere tener la plena conciencia de que con las propias manos, una pala y una carretilla, es imposible derribarlo, pues el hombre creó a la dinamita a partir de darse cuenta de que sus habilidades, e incluso muchas de sus herramientas, en algún momento siempre encontraban un límite. La verdadera virtud del ser humano es conocer cuáles son sus límites, de dónde provienen y qué alternativas tiene a ellos.

EN BREVE:

Preferible es para el mediocre ser alabado por quienes padecen de ignorancia, a aceptar la invitación que otro -posiblemente también mediocre- le hace para abandonar su propia mediocridad.

lunes, 29 de noviembre de 2010

La lucha por la Democracia en México y Avances en la Participación Ciudadana

Por: Luis Enrique Martínez

“La democracia supone y alimenta la diversidad de los intereses así como la diversidad de las ideas. El respeto de la diversidad significa que la democracia no se puede identificar con la dictadura de la mayoría sobre las minorías; ella debe incluir el derecho de las minorías y contestatarios a la existencia y a la expresión, y debe permitir la expresión de las ideas heréticas y marginadas”
(Morin, 1999; p. 55)


México es un país que se caracteriza por la diversidad que existe en su cultura a lo largo y ancho del país. No es objetivo del presente trabajo analizar la diversidad mencionada, mas es necesario hacer referencia a la existencia de ésta y a la composición del país, para entender los hechos sociales que tuvieron lugar en el último siglo.

Como la mayoría de los países de América Latina, México fue colonizado por los españoles, y estuvo tres siglos bajo su dominación. Derivado de las diferencias sociales que ya existían y aunado a las que se crearon durante la colonia y la forma del gobierno español instaurada en la entonces Nueva España, hubo grupos sociales que decidieron lanzarse a la lucha armada por la independencia de la nación.

En 1810 inicia la guerra armada por la independencia de México y logra consumarse en 1821. Habiendo logrado independizar a la nación mexicana de la corona española, el debate entre las élites fue, durante más de medio siglo, qué tipo de gobierno sería adecuado para la naciente nación.

No fue sino hasta finales de siglo, que Porfirio Díaz instaura un régimen oligárquico dictatorial, el cual se destacó por el desarrollo macroeconómico, las vías de comunicación que conectaban con el ferrocarril al norte con el sur, y la diversificación de la inversión extranjera. Dicho régimen finalizó hasta su renuncia en el año de 1911, habiendo pasado México antes por Benito Juárez que había gobernado durante quince años y realizando importantes reformas constitucionales para la liberalización del país.

Contrastado con el desarrollo que el país tuvo durante sus primeros años, los mexicanos vivían únicamente divididos en dos clases sociales, ricos y pobres. Quienes poseían riqueza, eran personas muy ricas, y principalmente dueñas de muchas tierras, y gran parte de los pobres, que eran mayoría, habían sido despojados de sus bienes en el centro y sur, lo cual comenzó a generar protestas. En el norte, la situación no era muy distinta, aunado a que el régimen de Díaz había suprimido el derecho de los ciudadanos para elegir democráticamente a sus representantes, y sustituyéndola por la designación del poder central.

Para 1910 el noventa por ciento de los habitantes de México no sabía leer ni escribir. En ese mismo año es fundada la Universidad Nacional. Las condiciones sociales, económicas y políticas se hicieron notar al estallar una nueva revolución que buscaba instaurar derechos sociales.

A la par, en la escena internacional la Iglesia Católica había iniciado con una campaña en la que hablaba de una doctrina social declarada por el Papa León XIII, donde por primera vez hablaba sobre los derechos de los trabajadores, los sindicatos, etcétera, y conminaba a los fieles laicos a tomar el mando de las organizaciones de la sociedad, y de ser posible a acceder a los cargos de gobierno.

Aunque en México se tardó en llegar la nueva “moda social” de la iglesia, esta doctrina no tardó mucho en convertirse en realidad y a ser proclamada por el clero frente a sus fieles, que eran la mayoría de los mexicanos, lo que generó que en la agenda de la iglesia católica mexicana también existiera una pugna por los derechos sociales y la democratización de las instituciones de la sociedad y del gobierno.

En 1917 México incorporó algunos de los derechos sociales que habían sido bandera de muchos revolucionarios en una nueva Constitución Política. Así se estableció como innovación el artículo 27 que hablaba sobre la propiedad del territorio mexicano y el uso del suelo y los recursos. El artículo 123 que posteriormente dio paso a la creación de una ley federal del trabajo. El artículo 115 que definió y delimitó al municipio libre, sus atribuciones y su composición orgánica.

Las demandas de la revolución mexicana se habían institucionalizado en el naciente proyecto de nación, pero no necesariamente se logró abatir los problemas y rezagos que la sociedad mexicana tenía, y a nivel gubernamental la élite política era frágil y seguía habiendo problemas con las sucesiones a los cargos, notablemente desde la Presidencia de la República, hasta lo local.

Fue hasta el período de Plutarco Elías Calles cuando se reorganizó a la clase política, y se institucionalizó en un “partido del régimen” (Rodríguez Araujo, 2002; p. 57) formando así por primera vez en la historia postrevolucionaria un nuevo orden político y social en el que posteriormente se fueron integrando grupos de obreros para convertirse en parte de la élite política. Aquí es cuando se hace presente la tesis de Weber en torno a la idea de la autoridad y el monopolio legítimo de la violencia, que Calles, también conocido como “Jefe Máximo” utiliza de forma eficaz para lograr establecer el orden que él pensaba que México debía tener.

Es en ese punto donde se comienza a configurar un difuso camino de la democracia en México, pero que sin duda fue el que dio paso, sea por errores o por aciertos, al despertar de la sociedad mexicana en torno a los temas del Estado.

Desde el período de Benito Juárez, la religión había sido separada del Estado, lo cual sin duda fue bueno; sin embargo, durante el gobierno de Calles se dio la guerra cristera o guerra de los cristeros, donde milicias de presbíteros, laicos y en general religiosos católicos se levantaron en armas contra el gobierno que había reducido más sus derechos políticos, se negaba la personalidad jurídica a las instituciones religiosas, así como también se había prohibido la participación del clero en la política. Es aquí cuando la religión católica y el alto clero logra consolidarse y reorganizarse en torno a sus demandas, y logra legitimar su autoridad moral frente a la población mexicana.

A la par de estas luchas, existió un proyecto de nación impulsado por José Vasconcelos, quien había sido Secretario de Instrucción Pública y también Rector de la Universidad Nacional, a quien esta última le debe parte de su autonomía. Cabe destacar, que tanto Vasconcelos, como algunos otros intelectuales como Manuel Gómez Morin, quien fuera entonces Director de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, y posteriormente también rector de la Universidad Nacional, así como Antonio Caso, y la Unión Nacional de Estudiantes Católicos, fueron quienes principalmente organizaron a la Universidad Nacional para luchar por su autonomía.

En la Universidad Nacional se gesta un movimiento de estudiantes y catedráticos inconformes con el proyecto que se anunciaba para la Presidencia de la República, el de Lázaro Cárdenas del Río, quien proclamaba que al llegar al gobierno en 1934 instauraría un régimen socialista, donde se incluía a la educación superior.

El movimiento en contra de dicha proclama, es formado principalmente por todos aquellos intelectuales que ya desde tiempo atrás hablaban de la autonomía universitaria, y que, como reacción al cardenismo, y por sus arraigadas creencias católicas, organizaban a la Universidad Nacional en torno a lograr su autonomía. El proyecto de la autonomía universitaria es logrado bajo fuertes represiones del gobierno a los directivos, catedráticos y estudiantes universitarios, incluso tratando de ahorcar económicamente a la Universidad Nacional para impedir que pudiera seguir funcionando.

De esta forma el Partido Nacional Revolucionario, fundado por Plutarco Elías Calles, tuvo como cuna al propio gobierno. Fue el primer partido político moderno, y sin embargo había nacido del gobierno, o quizá mejor dicho, del régimen.

En aquel tiempo, la moda entre los intelectuales, era el positivismo. “Al mismo tiempo, la Revolución no podía justiciarse a sí misma porque apenas si tenía ideas. No quedaban, pues, sino la autofagia o la invención de un nuevo sistema. Vasconcelos resuelve la cuestión al ofrecer su filosofía de la raza iberoamericana. El lema del positivismo, “amor, orden y progreso”, fue substituido por el orgulloso “Por mi Raza Hablará el Espíritu” (Paz, 1993; p. 149). Y así fue como nació una nueva corriente que devino en muchos seguidores hacia el líder universitario.

Para 1934, Lázaro Cárdenas del Río habría asumido el poder, y de la mano de su gobierno, un cúmulo de cambios tanto en lo social, como en lo político y económico. Se logra instaurar un proyecto de nación inspirado en la revolución mexicana, o al menos en la forma en que el régimen entendía a la revolución.

Cárdenas, desde el poder, sustituye a Calles, convirtiéndose en el Jefe del partido, al cual le cambia el nombre para convertirlo en el Partido de la Revolución Mexicana –que posteriormente sería el Partido Revolucionario Institucional, como lo conocemos hasta nuestros días–, expropia de los inversores privados al petróleo, que era a nivel mundial el gran impulsor de la riqueza en muchas naciones, logra subir a la ola del desarrollo tecnológico e industrial al país, pero las condiciones sociales y económicas no cambian de manera substancial, el “consumidor” no lograba acceder fácilmente a los bienes y servicios necesarios, y las relaciones sociales no se encontraban objetivadas necesariamente por el dinero, como mencionaría Simmel, sino por las carencias de los habitantes.

En el año de 1939 surge el Partido Acción Nacional, fundado por Manuel Gómez Morin, quien fuera rector de la Universidad Nacional cuando le es otorgada su autonomía. Dicho partido se funda por la clase media mexicana y por intelectuales, pues nace principalmente de la Universidad Nacional.

Por los mismos orígenes que tiene el Partido Acción Nacional, no logra representar fácilmente a un amplio sector de la sociedad, pues era únicamente la clase selecta y con posibilidades de estudiar, a quienes podían llegar. Esto en el futuro fue modificado en cuanto el PAN adquirió una acción municipalista, pero fue hasta la década de los ochenta, misma en la que comienzan los triunfos de dicho instituto político, y se erige como una verdadera oposición al gobierno.

En torno a la democratización del país, en 1953 se logra que a la mujer se le otorgue el derecho a votar, derivado también de movimientos sociales, y además propuesto en anteriores legislaturas, desde 1947, por cuatro diputados del Partido Acción Nacional. Este fue un avance en el reconocimiento de los derechos cívicos y la igualdad entre hombres y mujeres.

México fue progresando, pero no fue necesariamente por la acción de sus gobiernos, sino más bien por las consecuencias no intencionadas de la acción, así como la madurez de la sociedad que cada vez se fue sectorizando más, así como educando, lo cual generó mayor consciencia social de sí y para sí. Con tal madurez, los ciudadanos mexicanos cada vez exigían mayores oportunidades, lo cual se tradujo en protestas y movilizaciones. Una protesta característica por su composición e historia, fue la de 1968 y los estudiantes universitarios y preparatorianos que fueron reprimidos por el gobierno, que demuestra la garra y la mano dura de la opresión, y por fin se quita la máscara autoritaria y dictatorial.

“Mil novecientos sesenta y ocho fue un año axial: protestas, tumultos y motines en Praga, Chicago, París, Tokio, Belgrado, Roma, México, Santiago… De la misma manera que las epidemias medievales no respetaban ni las fronteras religiosas ni las jerarquías sociales, la rebelión juvenil anuló las clasificaciones ideológicas” (Paz, 1993; p. 273). Es así como surge un nuevo despertar de la sociedad mexicana, y como cada vez más va perdiendo legitimidad el represor gobierno mexicano, que simplemente había perdido el control social.

En la década de los ochenta vienen varios cambios, el Partido Acción Nacional adquiere más fuerza que nunca, ganando importantes municipios, capitales de Estados, principalmente en el norte, y agrandando las protestas sociales en torno a la idea del fraude electoral auspiciado por el gobierno.

Un caso a resaltar es el de 1986 y la elección de Francisco Barrio Terrazas como candidato a Gobernador de Chihuahua, quien ya había sido alcalde de Ciudad Juárez. Según Barrio, el fraude no se hizo esperar, y no fue reconocido su triunfo, dándoselo a Baeza, el candidato del PRI.

Lo característico de la elección de Chihuahua 1986, fue que de la mano de un grupo grande de intelectuales como Elena Poniatowska o Enrique Krauze, por primera vez se habla de la ilegalidad del fraude electoral. El PAN inicia protestas inspiradas en la desobediencia civil pacífica de Gandhi o Luther King, donde se lleva a cabo cierres de puentes internacionales, aeropuertos, y huelgas de hambre, como la que sostuvo Luis Héctor Álvarez Álvarez, entonces alcalde de Chihuahua. Dichas protestas alcanzan a atraer la atención de distintos personajes y gobiernos a nivel internacional.

La iglesia católica, que en su mayoría se ha identificado con los principios del panismo, en Chihuahua 1986 declara por las diócesis de Ciudad Juárez y Chihuahua la no realización de misa los días domingo, en señal de protesta por el supuesto fraude electoral.

Como parte del debilitamiento del sistema hegemónico del Partido Revolucionario Institucional, este mismo partido, en 1987 comienza a escindirse, puesto que había un grupo al interior de él, que ya no se identificaba con el plan de gobierno del entonces Presidente de la República, Miguel de la Madrid, que a sus ojos había traicionado los ideales de la revolución y había instaurado el neoliberalismo. Además la situación económica a nivel nacional era devastadora, en 1982 hubo una crisis económica, que para 1987 se había agudizado. La tasa de desempleo era del 40% entre las personas económicamente activas.

Para las elecciones de 1988, el PRI llega debilitado. Cuahtémoc Cárdenas, de la mano de Porfirio Muñoz Ledo, forma el Frente Democrático Nacional, que era una escisión del PRI unido con distintos partidos y movimientos de izquierda, el cual contiende contra el candidato oficial Carlos Salinas de Gortari y el candidato del PAN Manuel de Jesús Clouthier del Rincón, en una elección altamente cuestionada por la élite política y por la ciudadanía en general. Se hizo creer que la elección la había ganado Cárdenas, y el PRI habría hecho fraude. Fue la famosa caída del sistema.

En 1989 el PAN gana la primera gubernatura en Baja California, y con ello fuertes acercamientos del gobierno se dan con el antes mencionado partido político. Es ahí cuando inician una serie de propuestas de reformas electorales, las cuales no encuentran éxito.

Es hasta la década de los noventa cuando inicia una nueva etapa de reformas constitucionales a las leyes electorales y se da paso a la creación de un órgano ciudadano que organizara las elecciones, el Instituto Federal Electoral. Con ello inicia una serie de cambios en materia electoral y social de la realidad mexicana, y se abre camino a la tan anhelada democracia.



Bibliografía:

Morin, Edgar. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO. París, Francia.1999.
Rosas y Villalpando. Los Presidentes de México. Planeta Mexicana. Distrito Federal, México. 2001.
Molinar Horcasitas, Juan Francisco. El tiempo de la legitimidad. Elecciones, autoritarismo y Democracia en México.  Cal y Arena. México D.F.
De la Peña y Aguirre. Historia Económica de México. De la Revolución a la Industrialización. Editorial Océano. México 2006.
Silva Herzog Márquez, Jesús. El Antiguo Régimen y la Transición en México. Planeta. México, Distrito Federal.
Rodríguez Araujo, Octavio. Régimen Político y Partidos en México (Ensayos). Instituto Electoral del Estado de México.  Estado de México, Octubre de 2002.
Calderón Vega, Luis. Memorias del PAN (1939-1936) Tomo 1. Editorial EPESSA. México D. F. 1982
Paz, Octavio. Cien Años de Soledad. Fondo de Cultura Económica. México 1993.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El Avance en la Objetivación de la Cultura Mexicana, y el Progreso del Narcotráfico

Una perspectiva sociológica desde las teorías de la modernidad.

Por: Luis Enrique Martínez

“In te ipsum redi, in interiore homine habitat veritas”
San Agustín


Dice Georg Simmel que la cultura está compuesta por una dualidad entre lo objetivo y lo subjetivo, arguyendo que la parte subjetiva de la cultura es la que ha sido creadora de ella, la que la inspira, los valores, el arte, la estética. Y la parte objetiva, lo que proviene propiamente de lo subjetivo, es decir; la creación. La cultura se compone por un alma subjetiva y un producto espiritual objetivo.

El presente ensayo pugna por la apuesta de Simmel, que es la de la cultura subjetiva como meta final dominante, y se enfocará en el postulado de González García de la ampliación de la preponderancia de la cultura objetiva sobre la subjetiva, en este caso situándonos en el contexto mexicano, ubicando a la primera como impulsora del progreso del narcotráfico en México, identificando variadas realidades individuales que conforman el colectivo, mismas que pueden componer una posible tragedia cultural.

Cultura según Simmel, puede ser definida como “el camino del alma hacia sí misma” . En el caso mexicano, existe una mezcla variada en la cultura, que ha sido influenciada por las culturas prehispánicas, y posteriormente por las ideas del mundo occidental cristiano en la colonización. Durante el siglo XX, la cultura mexicana ha sido influenciada también, y principalmente por el país dominante de la escena internacional, y geográficamente ubicado como vecino de México, los Estados Unidos de Norteamérica.

El narcotráfico, definido por el Código Penal Federal Mexicano, se entiende como la producción, transporte, tráfico, comercio, suministro o prescripción de narcóticos; considerados como tales a los estupefacientes, psicotrópicos y demás sustancias o vegetales que determina la Ley General de Salud, los Convenios y Tratados Internacionales de observancia obligatoria en México y demás disposiciones aplicables en la materia.

Si bien la producción, el tráfico, el consumo, el suministro o el comercio de narcóticos, se establecen como ilegales por el Estado Mexicano –con las respectivas excepciones de dosis permitidas para el consumo–, estos son una realidad existente en la cultura mexicana, que desde el punto de vista aquí expuesto, se ha ido objetivando y con ello, dichas acciones han ido en incremento.

En la realidad social de México, ha cobrado preponderancia la cultura objetiva sobre la subjetiva debido a distintas causas, se ha generado que se sobrevaloren modas que como es de su condición, antes no existían como tales. Una de ellas, y que va ligada con el estilo y la diferenciación, así como la pertenencia a los grupos sociales, es la del consumo de narcóticos.

Así podemos observar, que en algunos estratos y grupos sociales, existe consumo de marihuana, caso específico de algunos grupos existentes al interior de Universidades públicas, que de la mano de determinados atuendos, conductas, y lugares a frecuentar, generan diferenciación, pertenencia y, por supuesto, establecen una moda distinta al del resto de la comunidad universitaria.

Así mismo, el consumo de narcóticos también se convierte en factor decisivo de pertenencia y diferenciación entre clases sociales. Para otro grupo social fácilmente identificable, existe consumo de sustancias distintas a la marihuana; un caso que también ha sido moda, es el del conocido como “éxtasis” y otro más, que está cobrando importancia en México actualmente es el LSD o “ácido”, cuyo consumo es común en algunos grupos de personas, principalmente jóvenes, que gustan de la “vida nocturna” y frecuentan lugares como bares y discotecas, donde se encuentran con jóvenes de sus mismas condiciones, que a su vez, pertenecen a dichos grupos que pueden funcionar como máscaras, tras las cuales pueden ocultarse para mantener su espacio íntimo de libertad y de autonomía frente a la sociedad.

Dentro del mundo de los narcóticos, de su producción y tráfico en México, se logra visualizar que es un mercado moderno, de producción en masa y dirigido para la generalidad de las personas potencialmente vulnerables al consumo de estos, equiparable a los supermercados modernos y grandes establecimientos; a su vez, entendiendo lo que Max Weber afirma, sí existe una mentalidad compulsiva hacia el trabajo y el ahorro, ésta debido al ansia de acumulación de riqueza por parte de quienes se dedican al ilícito, donde su principal incentivo, y lo que más valoran, es la riqueza y el dinero, por encima del arte y la estética, que han pasado a ser parte de la cosificación de la cultura subjetiva.
Lo anterior define claramente al dinero como símbolo de las relaciones humanas, basadas en la objetividad y no en el sentimiento, como lo enuncia González García parafraseando a Weber, y que a su vez, este puede ser un reflejo de la sociedad capitalista mexicana, donde el consumo es el incentivo para continuar trabajando, aunque en este caso sea de manera ilegal, para lograr obtener lo efímero, las modas, el cambio permanente, debido a la fugacidad de la vida y a la falta de los valores que dan sentido, pues el dinero es igual a la objetivación de las relaciones sociales. Es aquí donde se enlazan consumo y producción y se interrelacionan, por lo que para que exista uno, debe existir el otro, y así en el narcotraficante y el consumidor.

Al respecto de las relaciones sociales, menciona Luigi Zampetti que primero se debe entrar dentro nuestro, realidad que en una época que todo se ha exteriorizado y banalizado, aun las cosas más íntimas y sagradas, no es ciertamente empresa fácil, donde las previsiones, donde lo que se había mencionado por todos aquellos que habían prometido bienestar y una nueva sociedad, mismos que poco a poco se retiran en silencio, se han mostrado falaces. Tal malestar asume proporciones siempre más vastas. Es un malestar que acomete al hombre en su esencia intrínseca. La sociedad está sofocando al hombre y a su misma posibilidad de vivir…

El problema entonces se encuentra en la falta de valores por la que está atravesando la sociedad mexicana, donde, como lo menciona Riesman, la sociedad se convierte en una “muchedumbre solitaria”, y de la mano con la tesis de Simmel del “shock de lo nuevo” que está ligándose a los avances tecnológicos y a la globalización en general, pero que a su vez se encuentran alejados de un sentido ontológico de la vida.

No existe una “rebelión de las masas”, sino más bien “de las cosas”, dice Simmel, y una de las reacciones de algunos sectores de la sociedad mexicana, es el refugio en narcóticos, que por identidad o por moda, terminan siendo parte de la cultura en sectores diversos de dicha sociedad.

La tarea será la de devolver o crear en México ese arte y esa estética, como “sentimiento de gratitud hacia el mundo y hacia la vida” , y permitir que la parte subjetiva de la cultura se engrandezca, y enaltezca a la sociedad mexicana.


Referencias:

Zampetti, Luigi. La Sociedad Participativa. Fundación Adolfo Cristlieb A. C. México 2003. Pag 23.

González García, José M. Max Weber y Georg Simmel: ¿dos teorías sociológicas de la modernidad?, Instituto de Filosofía CSIC. Pp. 73-95

Código Penal Federal. Congreso de la Unión, México 2010. Art. 193-194.

martes, 13 de julio de 2010

Sobre la Cláusula de Democracia y Respeto a los Derechos Humanos que exigen los europeos para ingresar a la U.E. y para Firmar Tratados Internacionales

Breve aproximación a la Congruencia Internacional...

Por: Luis Enrique Martínez


“Una auténtica democracia no es sólo el resultado de un respeto formal de las reglas, sino que es el fruto de la aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona humana, el respeto a los derechos del hombre, la asunción del bien común como fin y criterio regulador de la vida política”

Doctrina Social de la Iglesia


La Unión Europea es una asociación económica y política de 27 países democráticos europeos, establecida el 1 de Noviembre de 1993 cuando entró en vigor el Tratado de la Unión Europea, habiendo tenido varios antecedentes de organizaciones de países europeos, pero que no podían constituirse como lo es ahora por los problemas que existían de una Europa dividida entre socialismo y capitalismo, entre otros. Es hasta 1993 que después de varios acontecimientos de gran relevancia para el mundo occidental, como la caída del muro de Berlín, que se logra constituir dicha Unión.

Los objetivos que persigue la Unión Europea son promover el progreso económico y social y un alto nivel de empleo y conseguir un desarrollo equilibrado y sostenible, principalmente mediante la creación de un espacio sin fronteras interiores, el fortalecimiento de la cohesión económica y social y el establecimiento de una unión económica y monetaria que implica, en su momento, una moneda única, conforme a las disposiciones del Tratado de la Unión Europea, así como también se persigue afirmar su identidad en el ámbito internacional, reforzar la protección de los derechos e intereses de los Estados miembros, mantener y desarrollar la unión con un espacio de libertad, seguridad y justicia y la libre circulación de las personas con medidas adecuadas al control de las fronteras exteriores, el asilo, la inmigración, la prevención y la lucha contra la delincuencia, mantener íntegramente el acervo comunitario, etcétera.

Para que todo ello sea posible, los países de la UE cuentan con instituciones que la dirigen y adoptan su legislación. Las principales son las siguientes:

• Parlamento Europeo: representa a los ciudadanos de Europa.
• Consejo de la Unión Europea: representa a los Gobiernos nacionales.
• Comisión Europea: representa el interés común de la UE.

Además, la UE plantea distintas cláusulas de democracia y respeto a los derechos humanos para ingresar a la Unión Europea y para firmar tratados internacionales. Estas cláusulas, fundamentadas en el Tratado Constitutivo de la Unión Europea, así como en el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, mismo que también se sustenta en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948, entre otros.

En el mencionado Convenio Europeo para la Protección de los Derechos humanos y de las Libertades Fundamentales, los Estados Miembros de la Unión Europea han establecido distintos puntos específicos como:

• Obligación de respetar los Derechos Humanos.
• Derecho a la vida.
• Prohibición de la tortura.
• Prohibición de la esclavitud y del trabajo forzado.
• Derecho a la libertad y a la seguridad.
• Derecho a un proceso equitativo.
• No hay pena sin ley.
• Derecho al respeto de la vida privada y familiar.
• Libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.
• Libertad de expresión.
• Libertad de reunión y de asociación.
• Derecho a contraer matrimonio.
• Prohibición de discriminación.
• Prohibición del abuso de derecho.
• Entre otros.

Será de observancia obligatoria la aplicación de dicho Convenio, entre los Estados miembros de la Unión Europea.

Además, la Unión Europea define y realiza una política exterior y de seguridad común, que abarca todos los ámbitos de la política exterior y de seguridad, la cuál tiene distintos objetivos; de los cuáles, en el presente artículo, es de interés el de el desarrollo y la consolidación de la democracia y del Estado de Derecho, así como el respeto a los Derechos Humanos y a las libertades fundamentales.
A su vez, el Tratado de la Unión Europea, en sus artículos 300 y 310, define el actuar de dicha organización con respecto a su interior, como su exterior para celebrar con uno o con varios Estados o con organizaciones internacionales acuerdos que establezcan una asociación que entrañe derechos y obligaciones recíprocos, acciones comunes y procedimientos particulares.

El respeto a los principios democráticos y a los derechos humanos fundamentales, como se enuncia en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, inspira las políticas internacionales de los Estados que al interior, pero que al exterior también son signatarios de algún tratado internacional con la Unión Europea, arguyendo esta que constituyen un elemento esencial de los acuerdos que firma.
La Cláusula Democrática se ajusta exactamente al principio del Derecho Internacional que establece “la primacía de los derechos humanos sobre otros compromisos internacionales de los Estados”, pues, como señala el artículo 103 de la Carta de la ONU, “en caso de conflicto entre las obligaciones contraídas por los Miembros de las Naciones Unidas en virtud de la presente Carta y sus obligaciones contraídas en virtud de cualquier otro convenio internacional, prevalecerán las obligaciones impuestas por la presente Carta”. Por mencionar un ejemplo, se puede citar el artículo uno del Acuerdo Global entre la Unión Europea y México, el cuál establece que: “El respeto a los principios democráticos y a los derechos humanos fundamentales, tal como se enuncian en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, inspira las políticas internas e internacionales de las Partes y constituye un elemento esencial del presente Acuerdo”.

La idea de establecer dicha cláusula democrática y de derechos humanos como condición para la firma de los tratados internacionales con la Unión Europea, es, argumentado por ellos, que ninguna de las Partes viole los derechos humanos y que los objetivos de comercio e inversión previstos en el Acuerdo de Asociación no se realicen a expensas de la democracia ni de los derechos humanos de nadie; es decir, en este caso, que las empresas no violen los derechos humanos de los trabajadores extranjeros que resultaron de dicho tratado o convenio.

Un caso reciente podría ser el del gobierno de facto en Honduras, donde por acuerdos internacionales con la Unión Europea, dicho país se ve obligado a restituir las garantías individuales y al Presidente Zelaya, el cuál fue electo democráticamente. Esa es una clara violación a los acuerdos democráticos y de derechos humanos con la Unión Europea, por lo que dicha Unión, ha condenado públicamente al gobierno golpista, y congelado 65.5 millones de euros de ayuda presupuestaria para el país.

O como los casos donde se ha sancionado a países africanos, principalmente por el tema de violación a los derechos humanos, recortando presupuestos los europeos con dicho argumento, o con el tema de la democracia.

Si bien, la solidaridad entre naciones, manifestada en la firma de tratados internacionales, en la que un país conviene un derecho y una obligación con otro país, es necesaria, como también lo es que los países con altos niveles de desarrollo apoyen a los que no se encuentran a su nivel, también es importante establecer patrones de conducta ente naciones, lo cuál tendería a mejorar la democracia y los derechos humanos donde los índices son bajos, no se puede exigir a algunos países que mejoren al respecto, si los países desarrollados no apoyan, y al contrario, utilizan eso como pretexto para reducir el apoyo entre naciones, mucho menos cuando muchos de esos problemas, como el caso de África y América Latina, fueron originados por los países miembros de la Unión que ahora les exige cumplir con dichos patrones.

La importancia de estas cláusulas que establece la Unión Europea, es la de que esa misma Unión se dé cuenta de que puede y debe solidarizarse con los países con bajo nivel de desarrollo, para lograr que lo eleven, y garantizar condiciones más equitativas en el momento de la firma de tratados internacionales. ¡Congruencia obliga!